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RUMANÍA, BUCAREST.

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Sacudida por catástrofes naturales, sanitarias, socio-naturales y, un ir y venir de pueblos  que la ocupan (turcos, rusos, alemanes, austriacos), la ciudad muestra las huellas de las cicatrices producidas por todos estos acontecimientos. Su nombre aparece  por primera vez en un documento del año 1459, firmado por el príncipe de Valaquia, Vlad IV (“El Empalador”), más conocido, literariamente, como Drácula. Es, con Carol I, cuando vive su época de mayor esplendor y, se empieza a conocer como  “París de los Balcanes”.  Si nos adentramos en su centro histórico nos invade la añoranza de la arquitectura medieval, neoclásica, que se va disipando al dirigirnos a la zona meridional, dominada por el estilo comunista, más sobrio y opulento. Los rascacielos contemporáneos se dirigen hacia el cielo, como queriendo olvidar el triste pasado de sus gentes. Al llegar al aeropuerto, me impresiona la cantidad de "taxistas" que se te ofrecen para llevarte al centro (¡ojo, que no s...